+Londres

POPULAR COUTURE/POPULAR CULTURE.

+coruña 27, Marzo 2007

Kylie Minogue es una chica australiana que hacía de Charlene en Veciños, cantaba en los 80 una canción que se llamaba Locomotion y salía en el Smash Hits. Luego nos olvidamos de ella hasta que sacó la de “Na-na-ná/na-na-na-na-na” (Can´t Get You Out of My Head), la canción pop rrre-finitiva. En el vídeo salía ella con una sudadera de capucha… El sábado pasado, vi la sudadera expuesta en el museo de artes aplicadas más grande del mundo, el Victoria & Albert de Londres. Kylie, The exhibition es una exposición de ropa, fotos, ropa, premios, ropa, vídeos y ropa sobre Kylie: el icono de la cultura contem-pop-ránea. El pop prefabricado ha conquistado un ala del V&A, hay letras K de purpurina barata en las columnas de mármol, maniquíes de plástico como los de Topshop aguantando los Gallianos y chicas de chándal y chicle visitando la mostra. La salida es a través de una réplica de la dressing room de Kylie. A la gente le gusta más ver los mini-shorts (más bien cinturones anchos) de Kylie que la piedra Rosetta del British Museum. En las primeras 24 horas de exhibition se reservaron 24.000 entradas gratuitas. Los ingresos vienen por otro lado. Esperando a los fans de Kylie hay en la tienda del V&A un palé de colonias marca Darling, la gota de perfume que Kylie se pone para dormir. Eso sí. Sin el kyulo de Kylie debajo, los shorts no son para tanto. Aviso.

Todos los directores de museo del mundo se preguntan qué hacer para llevar a la gente a los museos. En Londres eso se consigue de cinco maneras: 1. Con exposiciones impresionantes de verdad como Velázquez, en la National Gallery, que sólo faltaban Las Meninas (las pidieron y en el Prado aún se están riendo) 2. Mezclando cultura elitista y cultura pop, por ejemplo organizando Face of Fashion: fotos de moda, modelos y ropa en la National Portrait Gallery y poniendo a Kate Moss en los carteles. 3. No cobrando entrada 4. Dejando a la gente tocar y sentir y 5. Teniendo tiendas muy grandes llenas de chuminadillas, que es lo que nos gusta.

La TATE Modern tenía que ser una asignatura anual de la carrera de museero/museísta. A día de hoy tiene la sala de turbinas llena de toboganes por los que te puedes tirar. Son una reflexion-escultura de Carsen Höller sobre el transporte en la ciudad y la adrenalina pero eso da igual. ¡TE PUEDES TIRAR POR ELLOS! Los pequeños son para niños pero el que baja desde el tercer piso estilo Aquapark con cubierta de plástico transparente es una locura. A continuación y por el mismo precio, o sea, cero libras, puedes oír en unos cascos colgantes la canción que algún músico talentoso ha hecho inspirándose en una pieza de la colección de arte moderno. Los primeros fueros los Chemical Brothers. Luego fueron los novísimos Klaxons, antes incluso de que sacaran su primer disco. Todo febrero Union Of Knives re-interpretando musicalmente Quattro Stagioni de Cy Twombly. Y para consumir, tiendas con todos los lápices, cuadernos de artista, imanes de nevera y pósters del mundo. Y el mejor souvenir de todo Londres, el calendario perpetuo de la Tate, hecho con postales-lámina que por detrás tienen los números y los meses. Así que toboganes, música, tres tiendas… Tate!, por eso la Tate (léase Teit) es el museo de arte moderno más visitado del mundo.

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