+Londres

QUEDA INAUGURADO EL NUEVO LONDRES.

+coruña 24, Diciembre 2006

La biblioteca pública de mi barrio se llama Idea Store, está hecha de vidrio de colores verdeazulados y sale en las revistas de arquitectura. Antes Whitechapel era conocido por las prostitutas muertas y Jack el destripador. Ahora por la biblioteca de David Adjaye. El efecto Guggenheim (pon un edificio-símbolo en una zona chunga y regenérala) funciona también en Londres. La ciudad vive una de esas transformaciones que se ven de siglo en siglo. Las multinacionales, los museos y el gobierno están en una guerra por ver quien la tiene más grande. La obra, digo. Más grande. Más alta. Más especial. Más simbólica.

El arquitecto favorito del nuevo Londres es Norman Foster. La ruta Foster puede empezar en el edificio Swiss Re de la City, unas oficinas con forma de pepinillo-vibrador que ahora comparten skyline con la catedral de St Paul. Desde la City se puede cruzar el río por un puente para peatones también de Foster, el Millennium Bridge, hecho con tubos y alambre gordo de acero. Y andando-andando se puede llegar al nuevo ayuntamiento de Londres, construido por —¡sorpresa!— Norman Foster. Un ayuntamiento acristalado símbolo de transparencia, con una rampa circular por la que los ciudadanos pueden llegar al poder. No tiene tanto encanto como la rampa para pingüinos del zoo de Londres (la verdadera joya secreta de la arquitectura londinense) pero no está mal. Además de hacer edificios para empresas e instituciones que no dejan entrar, hay Foster para todos los públicos en el British Museum (en la foto) y en la estación de metro de Canary Wharf. Lo que está claro es que con tanta obra Foster se está forrando, y con él —y perdón por el momento cotilleo— su mujer, la Doctora Hablemos-de-Sexo-Ochoa, que se dedica en Londres a editar libros de lujo.

La nueva arquitectura de Londres es de acero inoxidable. High Tech. El edificio Lloyd’s es mi favorito. Los ascensores suben por la fachada, los tubos del aire acondicionado están al aire y la estructura a la vista. Parece que está hecho sólo hasta la mitad, y que tiene que venir alguien a poner las paredes y pintarlo. Pero no. Es así. Y ahí está como a punto de despegar, espectacular sobre todo de noche, iluminado como la nave de Alien pero sin bicho. Dentro hay gente haciendo seguros a barcos.

Edificios inteligentes, estadios olímpicos, rascacielos, apartamentos en contenedores, fábricas recuperadas… Londres es una fiesta de hormigón y cristal, que, como cualquier fiesta de pueblo, tiene atracciones. Hay tómbola, coches de choque y una noria: el London Eye, un mirador a 135 metros de altura con vistas de 40 kilómetros a la redonda.

Y quien no pueda de momento pasarse por Londres, puede tomar una tapita de visita visitando la nueva Fundación Caixa Galicia de A Coruña. Un trocito de London High Tech en Los Cantones, versión Nicholas Grimshaw.

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