+Londres

Londres a medida

Hay una calle tranquila de Londres que envenena los sueños de los caballeros de buen ver de medio mundo. Decía Rodolfo Valentino que “Londres es para los hombres lo que París para las mujeres: el paraíso de la moda.” Bueno pues la entrada al paraíso son las 20 puertas de las 20 sastrerías de Savile Row.

Empezaron en el siglo XIX y muchas sastrerías como Henry Poole todavía siguen allí. Y siguen allí archivados los patrones y medidas de miles de clientes (para que repetir les sea mas fácil). Hoy en día se hacen en La Calle 6,000 o 7,000 trajes al año. Un dos piezas a medida cuesta unos 3,500€. Y de ahí para arriba, hasta el infinito y mas allá. Las normas de la Asociación de Sastres estipulan que un traje de La Calle debe llevar, al menos, 50 horas de trabajo manual. Esto es mandanga de la buena. Si queréis fast-fashion, id a Hugo Boss.

A Savile Row le han hecho daño Armani y el prêt-à-porter. Pero también le hizo pupa lo que pasó hace 50 años, a 300 metros hacia el este, en Carnaby Street. Un viaje a Italia del sastre Cecil Gee lo desencadeno todo. Llegaron los colores, los nuevos materiales, las chaquetas cortas, los pantalones estrechos… Un chaval escocés, John Stephen, montó en 1959 la primera tienda de ropa de Carnaby St. Seis años después tenía ocho tiendas, le vendía los trajes a los Small faces y diseñaba con David Bowie. De Carnaby tambien salieron las minifaldas de Mary Quant. Un articulo de la revista Time sobre el Swinging London convirtió a la calle en un fenómeno mundial. Y Savile Row se quedó quieto. Palideció ante tanto color y tanto pop, tanto brillo, novedad y glamour.

La Calle se ha puesto las pilas y resucitado. Se acabó hacer solo ropa de tweed para señoritos y trajes de raya diplomática para banqueros de la City. Richard James viste a Beckham y Guy Ritchie. Giewes and Hawkes acaba de nombrar a la primera jefa de sastres de la historia de La Calle. Clientes treintañeros encargan trajes que les duraran toda la vida, armaduras de lana para la batalla cotidiana.

La vulgaridad siempre contraataca. Al final de Savile Row se ha instalado Abercrombie & Fitch, una marca sport americana que en la puerta ha puesto a dos porteros semi-desnudos, sin parte de arriba. Ya no se respeta nada…

Yo te digo una cosa. Antes de comprar cualquier prenda de ropa pregúntate: “Se pondría esto Cary Grant?” Si la respuesta es “NO”, déjalo en la percha donde estaba. Si la respuesta es “SI”, adelante. Pero que sepas que Cary compraba en Huntsman, en el número 11 de La Calle.

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