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Londres for men

Beau Brummell, el inventor del dandysmo y del traje con corbata moderno, fue un vividor y esteta británico milochocentista. Asesor de moda de la realeza y la aristocracia londinense, Brummell se duchaba todos los días, tardaba cinco horas en vestirse y recomendaba dar brillo a las botas con champagne. Suya es la frase: “Si la gente se gira para mirarte por la calle, es que no vas bien vestido”.

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Hay una estatua de Beau Brummell en Londres. Está en Jermyn Street. Oír las palabras “Jermyn-Street” debería provocar en cualquier hombre la misma emoción que un niño de siete años siente al escuchar las palabras “Euro-Disney”. Porque es Jermyn Street un parque temático de la masculinidad clásica, el refinamiento y la elegancia, ésa que no cambia con cada Semana de la Moda de Milan. Ésa que diferencia a los hombres de los chicos. Ésa misma.

Hay en Jermyn Street dieciséis tiendas de camisas en menos de un kilómetro, listas para llevar y/o hechas a medida, con el tejido almidonado y la historia sobre los hombros. T. M. Levin fue de los primeros en hacer camisas de abotonar, una revolución en un tiempo en el que se vestían por la cabeza. Turnbull & Asser lleva 125 años fabricando en Inglaterra, en Gloucester. Tienen 10 modelos de cuellos, 15 tejidos y corte a medida. Para abrir una cuenta hay que comprar al menos seis camisas, a 115€ cada una. Eso sí, el patrón estará allí esperándote cuando vuelvas.

En Jermyn Street hay restaurantes (Rowlys, el sitio donde más ostras se venden de Inglaterra). Hay sombrererías (Bates). Se venden zapatos de Church que tardan una semana en hacerse a mano e incluyen 250 procesos industriales. Esta Geo F Trumper el barbero y Taylor of Old Bond Street el droguero, productos de afeitado, peines y otras higienidades. En la Beretta Gallery hay escopetas de caza. En Davidoff, cigarros. En Jermyn Street está la mejor quesería de Londres y hay un teatro con 70 butacas. No sé que más queréis.

Y aún así, hay más. Hay colonia. El menorquino Juan Famenias fundó la perfumería Floris en Jermyn Street en 1730. Sus descendientes, la octava generación, regentan hoy el negocio multinacional de Floris desde el mismo sitio donde lo fundo su tataratataratatarabuelo. En Floris la vuelta se entrega en una bandeja de terciopelo, recuerdo de un siglo XVIII en el que era de mala educación tocar la mano del cliente. En Floris aún se puede comprar el perfume que llevaba Oscar Wilde, Malmaison Carnation, y también Floris 89, la colonia de Bond, James Bond. De perfume a perfume y de modelo de hombre a modelo de hombre…

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