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Los malos de Londres

Los reconoceréis por sus bicis robadas y sus sudaderas con capucha. Son los malos de Londres. Los que se sientan en los asientos de atrás del bus. Los malotes. Los que aterrorizan a vagones enteros de tren y patean y apuñalan a quien les plante cara. Los que la montaron en Agosto.

De entre los malos de Londres detenidos por los disturbios la mayor parte eran criminales reincidentes. De cada cuatro detenidos, tres habían sido acusados o encausados con anterioridad. Pintar a los revoltosos como criminales le viene muy bien al gobierno para evitar preguntas. Ignorar las causas de la violencia y la ira es, simplemente, ingenuo.

Más de la mitad de los detenidos en las revueltas tiene menos de 20 años. En 2007 Unicef declaró a Inglaterra el peor país para ser niño de toda la OCDE. No lo hizo sólo porque los padres ingleses sean los que más horas trabajen de Europa. Lo hizo por la pobreza infantil, el combinado de malnutrición y obesidad, la mala educación, los embarazos adolescentes y una evidente falta de oportunidades para la infancia.

Los malos de Londres viven entre los buenos. Al contrario que en otros países de Europa (donde la marginación se concentra en ciudades dormitorio), el modelo de integración londinense colocó la vivienda protegida salpicada por la ciudad. Por eso, cuando salta la chispa, los coches arden en zonas 1 y 2.

En los lugares donde los disturbios explotaron con más fuerza (Hackney, Totenham, Clapham, Croydon) el contexto es un combinado de pobreza, desempleo juvenil, drogas, bandas organizadas y un sistema de protección social que desincentiviza la búsqueda de empleo. Alienación y la exclusión social: ese es el caldo de cultivo de la maldad.

Pero es el abismo social entre ricos y pobres (y la impresión de que no hay manera de salvar esa distancia) lo que explica la ira y la violencia salvaje de esas imágenes que han dado la vuelta al mundo. Es la envidia. La frustración. Es el odio de clase en estado puro. El que nada tiene nada tiene que perder. Los malos de Londres son malos en una ciudad ostentosa, donde la banca se ha salido con la suya y la clase política está de vacaciones en Italia. Una ciudad donde la clase media criminaliza y desprecia al quinto estado y la policía le graba con cámaras de circuito cerrado. ¿Es lógico esperar que sonrían a cámara o que la rompan con un bate de beisbol?

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