Galicia manual de instrucciones

Galicia, manual de instrucciones #1/ Galicia, a user’s manual #1

Capitulo I.
La Hostelería.

Galicia es un país de bares poco acogedores y camareros mal encarados donde las barras son de granito rosa, los taburetes duros y la luz de neón. Los napolitanos os dirán que sólo hay dos tipos de pizza: la marinara y la margarita. Los gallegos juzgan a los bares por la calidad de dos tapas: la ensaladilla y la tortilla. Tortillas, como copos de nieve, no hay dos iguales y la mejor es la de mi madre. En Galicia se hace con las mejores patatas de Europa y el huevo suelto. La ensaladilla es un engrudo jugoso hecho con las mejores patatas de Europa, guisantes, zanahoria, atún, huevo y ma yo ne sa. Ella se bate como haciendo mayonesa.

Los hosteleros gallegos hablan en plural mayestático (‘¿Que ponemos?’) y no es que sean desagradables, es que no os conocen. En el fondo es una cuestión de desconfianza. El cliente es culpable hasta que se demuestre lo contrario. Si buscáis camareros con salero es mejor que vayáis al bar Las Columnas de Sevilla, donde al que pide le llaman ‘vocalista’. La rumbosidad de la hosteleria gallega está en otro sitio. En las tapas gratis; en la elección generosa de las materias primas (aunque eso reduzca los margenes); en la calidad del pan. Y en los tragos largos. Cuando hay que dar el alto al camarero y decirle “deja algo de sitio para la tónica, no?”

Galicia tiene un complejo sistema de medir la comida en los bares: pincho, tapa, media-ración, plato, ración y fuente. Todas las iniciativas para llevar este sistema ante la Oficina Internacional de Pesas y Medidas de París han fracasado. En los bares gallegos las servilletas son no-porosas y ni secan ni limpian. Las aceitunas y las patatas no se pagan. El Ribeiro se bebe en jarras blancas y el Barrantes mancha los dientes. A las hamburguesas que no son completas no es que les falte algo. Es sólo que no llevan queso, lechuga y tomate. En los bares gallegos se puede leer el periodico gratis, queda cutre pedir agua del grifo, el café se toma con aguardiente y el licor se toma con café.

Una vez en Carnota, a las 4 y media de la tarde, llegué a un bar vacío y dije al dueño “Puedo comer algo jefe?, ya sé que es tarde pero es que me lie en Cee y”, “No me cuentes tu vida” – me cortó. Luego me sirvió el mejor raxo que he probado nunca.

 

 

Chapter I.
The Hospitality Industry.

Galicia is a country of unwelcoming restaurants and sour-faced bartenders, with pink granite bars, hard stools and neon lights. Neapolitans will tell you that there are only two types of pizza: the marinara and margarita. Galicians evaluate the quality of their bars based on the quality of two tapas: the so-called ‘Russian salad’ and the Spanish omelet. Omelets, like snowflakes, no two are alike and the best is my mother´s. In Galicia the omelet is made with the best potatoes in Europe and with underdone egg. The Russian salad is a juicy paste made with –once again– the best European potatoes, peas, carrots, tuna, egg and mayonnaise. 

The landlords in Galicia use the royal “we” when speaking (‘What are we going to eat?’) and they are not unpleasant, the problem is that they do not know you. Deep down, it is a matter of mistrust. The customer is guilty until proven otherwise. If you are looking for funny waiters, you´ll better go to the bar Las Columnas in Seville, where the customer who orders something is called “the vocalist’. The funny character of Galician hospitality is elsewhere. In the free tapas, in the generous choice of raw materials (although that reduces the profits), in the quality of bread. And in the long drinks. I mean, when you have to ask the waiter “please, leave some space for the tonic, right?”

Galicia has a complex system of measuring food at the bars: pincho, tapa, half ración and dish. All efforts to bring this system to the International Bureau of Weights and Measures in Paris have failed. In Galician bars, napkins are non-porous and they do not dry neither clean. The olives and potatoes are free. Ribeiro wine is drunk in white jars and Barrantes stains the teeth. If burgers are not complete, they do not lack something. It is just that they do not have cheese, lettuce and tomato. In Galician bars you can read the newspaper for free, it is seedy to ask for tap water, coffee is taken with eau-de-vie and liqueur is taken with coffee.

Once in Carnota, at 4.30 p.m, I entered an empty bar and told the owner “Can I eat something, boss? I know it’s late but I get muddled up in Cee”, “Do not bore me your life” – he interrupted. Then he served me the best “raxo” I have ever tasted.

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